
CHILE DE PIE… TRABAJANDO EN LA RECONSTRUCCION
Codicia y Solidaridad se enfrentan con fuerza…
Apenas ha pasado una semana del feroz cataclismo y los millones de chilenos están unidos mostrando una férrea voluntad de levantar el país, y esto se muestra en el más simbólico de los actos que es izar el emblema patrio en medio de la destrucción.
Podemos preguntarnos porque le ha pasado A nuestro nación tamaña tragedia, podemos reclamar a los cielos la pérdida de seres queridos y también de las cosas materiales, mas la respuesta debemos buscarla dentro de nosotros mismos.
Chile en los últimos veintes años con los gobiernos de la concertación ha avanzado con un sistema económico de social mercado a las puertas de países desarrollados, cada vez los índices macroeconómicos se acercaban a esa meta, una fortaleza de nuestra economía se muestra con la capacidad que se enfrentó la reciente crisis mundial. Recuerdo, a propósito de este hecho, que en un acertado análisis de nuestra presidenta Bachellet menciona como razones basales de dicha crisis la codicia humana.
Pero volviendo a nuestro país, si bien empezamos a integrarnos a las grandes ligas, la realidad de nuestros campos, de nuestras ciudades y de una clase media que lentamente cae a niveles de pobreza, no disfrutan masivamente de la riqueza del país, donde las diferencias en los estratos sociales son atroces y vergonzosas. Mientras, unas pocas familias en el país comparten un gran porcentaje de esta riqueza, en las poblaciones y pueblos del interior se viven situaciones tercermundistas.
No se puede desconocer los grandes avances logrados en comparación de los años 70 y 80. Pero la pobreza citadina es cruel, los empleos de sueldo básico no alcanzan para cubrir las necesidades de las familias y el empresariado simplemente cuida lo suyo y no “aumenta los costos de producción”, pero si es capaz de aumentar sus utilidades, evadir impuestos y bajar la calidad de los productos permanentes en su vida útil. Pero es así, aquí y en muchos lugares del mundo, Jesús mismo realiza una declaración dolorosa “los pobres siempre los tendreís”… pero no porque la pobreza no pueda erradicarse, sino por un factor humano preponderante como “la codicia humana”.
Hoy, Chile enfrenta una de las más grandes catástrofes (aun cuando no de las más costosa en vidas humanas). Un terremoto y posterior tsunami, un terremoto 50 veces más potente que el de Haití, el quinto en violencia de los tiempos modernos. Parece una epopeya que nunca terminará, cada 25 años tenemos que reconstruir lo que hemos logrado; en 1939 el terremoto de Chillán dejó 39.000 muertos, pasó inadvertido para el mundo que se encontraba en medio de una guerra mundial, luego el cataclismo más potente que se ha registrado en el mundo en 1960 (9,6 grados), donde las costas del sur de Chile bajaron un metro al nivel del mar produciendo un gran tsunami que se interno kilómetros tierra adentro; en 1985, el terremoto de Santiago y ahora este (2010), el más extenso en devastación abarcando una longitud de alrededor de 1.000 kilométros, principalmente la costa.
¿Pero que ha derribado el terremoto?. Derribó los pueblos de interiores mas antiguos y menos desarrollados con casas de barros y adobe que habían sorteado los terremotos anteriores. Talca, una ciudad devastada, los restos que levanta la maquinaria pesada no es más que barro y tierra levantado posterior a la colonia.
También, el tsunami mucho más devastador que el propio terremoto, se llevó el Chile más humilde y trabajador, el Chile que vive en la costa, el de la pesca y del turismo veraniego. Pequeñas localidades de 500 habitantes y las mas grandes como Constitución recibieron olas de 10 a 15 metros. Para graficar el desastre puedo indicar que barcos y botes quedaron en las calles de la ciudad. Algunas caletas prácticamente desaparecieron.
Ha derribado y derribado, pero también ha dejado al descubierto la codicia humana.
En Concepción se ha erigido el símbolo de destrucción del terremoto, que es la caída de un edificio nuevo de 15 pisos, ícono ha decir verdad de la “codicia humana”, que no respetó las normas de construcción y por las cuales se llenó los bolsillos tal empresario, juicio indica la irresponsabilidad, se imagina si este empresario fuese juzgado bajo el código de Hamurabi, sabe cual es la pena para una persona que construye una casa y esta se derrumba, pues es la pena de muerte.
Aquí en Chile, las normas técnicas son exigentes, pero las inmobiliarias se las arreglan para rentar los más posible. Tanto es así, que se han dado casos en que engañan a los clientes vendiendo departamentos más pequeños de los que ofrecen, o las inmobiliarias que construyen mal desaparecen bajo razones sociales que se DAN en quiebra y que hace imposible la restitución. Tienen excelentes beneficios fiscales, subsidios por renovación urbana que no traspasan a los clientes, manejo de créditos fiscales, etc. Pero para la codicia nunca es suficiente.
Si bien, indico que el Chile caído es el de barro y adobe, no es menos cierto que también han caído modernos edificios que tendrán que demolerse, de lujo y de no tanto, pero son pocas las constructoras que se han escapado de no estar en las noticias. Un alto dirigente del gremio, puso de ejemplo a la Torre de Pisa: “por siglos han permanecido de pie edificios torcidos, un ejemplo de esto es la torre de Pisa”, cualquier mortal pudiera rebatir tan escuálido argumento, pero esto nota las primeras acciones: evadir la responsabilidad y proteger su gremio, a costa de tan burdo argumento.
No obstante, de los daños materiales y las vidas humanas lo que más impacto ha causado también, es que inmediatamente posterior al terremoto se produjeron saqueos a supermercados y multitiendas, sin duda, el lado más oscuro y feo del Chile destruido, por una y otra razón la gente se abalanzó a proveerse de lo básico, pero en ese paso hubo una distorsión y arrasaron con todo, nuevamente la codicia, el obtener lo que no puedes por los medios legales, lo obtienes a través del robo y la trampa.
Ante tamaña violación de la propiedad privada los grandes afectados, Cencosud y Lider, aparecieron, pero no en cualquier lugar, aparecieron en La Moneda (Palacio de Gobierno). Se podrá imaginar para que, evidentemente para proteger y hacer valer sus derechos, nada objetable por supuesto; pero que indica el tremendo poder de hecho que ejercen conglomerados demasiado poderosos y que cogobiernan económicamente en Chile.
El orden de las ciudades ante este desorden social vino de la mano de la autorización por parte del gobierno para que las fuerzas armadas tomaran el control, necesario a esa altura.
Lo más relevante ha sido que paralelamente a que Chile se une en la reconstrucción, aparecieron en las calles masivamente los bienes saqueados (2 millones de dólares). Hubo un remezón a la conciencia, aquella que habíamos visto perdida, donde nos convertíamos en hienas visitando ruinas.
Si, Chile se empieza a levantar, no exenta de disputas políticas sobre todo en la zona de Concepción, donde la disputa es ardua. Y Chile, se empieza a levantar y empieza a ganar la generosidad y la solidaridad.
Esfuerzos individuales y corporativos sumados muestran al mundo un Chile, que empieza actuar con celeridad y rapidez.
Y digo, que empieza a ganar la generosidad y solidaridad, porque Chile tiene gracias a la honestidad, importantes ONG que han demostrado en el tiempo capacidad de gestión y honradez, si no nadie confiaría en ellas; importante labor cumplen las ONGs de tendencia católica como el HOGAR DE CRISTO y UN TECHO PARA CHILE, reconocidas no solo en Chile, sino también en el extranjero, y la FUNDACION TELETON, imaginario perfecto de la solidaridad del chileno.
Tanto así, que acostumbrados al liderazgo de Don Francisco, se realizó una exitosa recolección de fondos para la construcción de 20.000 viviendas y algunas escuelas para la zona afectada, un total de más de 30 mil millones de pesos. Generosidad que tocó al más humilde de los chilenos, incluso de los afectados como a la FAMILIA más multimillonaria de Chile, que en un acto inédito subió completa al escenario. Mención aparte es el apretado abrazo que se dieron Bachelet y Piñera (futuro presidente).
Empieza verse un chile de camino a la reconstrucción, la devastación es amplia, pero ha dejado de manifiesto que el corazón chileno, estaba dañado.
Y quiero ser claro, al revisar nuestra historia moderna, es difícil encontrar en Chile, hombres respetados por su temor a Dios y moralidad que sean capaces de pararse de frente a la sociedad y elevar su voz para ser escuchada con respeto y admiración por todos. Porque la sociedad no quiere escuchar de Dios. Pero Dios, nos hizo subir a los montes cercanos y esperar la destrucción tal como la esperó Jonás algún día, solo que esta vez la tierra se movió, y el mar hizo camino en nuestras calles y se llevó nuestros hogares y enseres; no hubo tiempo para el arrepentimiento, y menos hubieron profetas que recibieron la profecía, y los que la recibieron no fueron escuchados.
En el mes de Diciembre tuve un sueño, donde descendía la mano de Dios a gran velocidad y acompañada de ángeles de las alturas y se detenía en las nubes, por su manga pasaba un gran viento y su vara era clavada exactamente en la zona costera de Chile, en un gran núcleo urbano, no tuve la revelación de la ciudad, pero sin duda, habían tres zonas: Concepción, Valparaíso y La Serena. Al despertar me tomé la CABEZA, la sensación era tan real que supe que iba a suceder, sin embargo, pasaron tres meses para saber que lo que se me había mostrado estaba pasando.
He sabido de varios hermanos y siervos que fueron advertidos, e incluso un pastor americano que vino a Chile a entregar la profecía en Diciembre, pero este pueblo no escuchó. Alguien podrá decir, después de la guerra todos son generales, pero Dios a este pueblo le avisó, no quiero expresar como juicio o como prueba, pero Dios ha permitido que esto suceda con una inusitada violencia.
Los terremotos que se mencionan en la Biblia, tienen distintas connotaciones: un terremoto partió las murallas de Jericó, permitiendo la conquista de la ciudad y la victoria israelita.
Otro terremoto en Hechos 16:26, relata que producto del movimiento sísmico se abren las puertas y se sueltan las CADENAS de los soldados. Provocando esta vez, una victoria distinta, la de la libertad espiritual de aquellos encarcelados y del propio soldado a su cuidado.
Lo que revela el Terremoto.
Evidentemente, el olvido de Dios, realmente nos cuesta decir “gracias a Dios”, “perdóname Dios”. Comenzando del más lejano o humilde chileno, al más connotado y público. Tanto que los últimos mandatarios, no han reconocido a Dios.
Los medios tienen tanto temor de mencionar el nombre de Dios, que apelan a “las fuerzas de la naturaleza”, “la energía”, etc. Todos términos etéreos en su significancia, y si se llega a usar la palabra Dios, se excusan diciendo que es usado “holísticamente”.
Falta, falta el reconocimiento de Dios en nuestra sociedad, falta el apegarse a lo que Dios quiere y dice, solo así podremos seguir adelante.
A pesar del crecimiento evangélico, no tenemos figuras de reconocimiento público. Resulta doblemente doloroso para el pueblo evangélico que gran parte de las zonas afectadas son ampliamente cristianas y cunas del evangelio en Chile.
Si quizás el mismo cerro de Concepción donde se huyó despavarido la noche del 27/02 fue el mismo donde el misionero Weiss orara por la evangelización del pueblo chileno en 1897. Qué decir, de Lebu, cuna de grandes pastores y misioneros, Lota y el mismo Concepción.
Cuesta entender una tierra que se ha dado a Dios por sus habitantes sufre esto. Quizás porque esta gente, es la que tiene mas FE y puede resistir con mayor fortaleza y dignamente momentos como estos y dar el ejemplo de Job. Tenemos muchos hermanos de fe, que están como Job, han perdido sus bienes, pero han conservado sus vidas, para dar ejemplo de fe y dar glorias a Dios.
Pero, me da la impresión que no es el primer cataclismo de la zona, en la octava región una zona de gran desarrollo económico, la gente es pobre y de limitados recursos, pero han estado y están las mas grandes empresas.
Esta zona, explotó el carbón en el siglo pasado, bajo tierra hasta el agotamiento, a costa de la vida miserable de los mineros de la época, y las familias acomodadas se hicieron millonarias con la explotación humana y de la naturaleza. El ciclo hoy se repite, toda esta zona es una zona de explotación forestal, casi desértica en muchos lugares, producto de la acidez del pino que ha consumido el humus de la tierra, erosión de suelos y pérdida de flora nativa, etc. Ciudades contaminadas con la industria de la celulosa, en el Chile de la octava región cuesta encontrar un bosque, solo hay plantaciones de pino.
El mismo Constitución es una ciudad contaminada por una industria pujante, pero que la industria no ha sabido retribuir a su gente.
Détente, escucha mi voz dice Dios. He tenido que despojarte de tus bienes para que te acuerdes de mí y te acuerdes de tu hermano.
Détente, por un momento y un momento más. Es importante que vuelvas a la senda antigua, a la senda de tus PADRES y te reencuentres con tu Dios.
Détente, mira tu miseria y limitaciones y mira a tu hermano a la cara, llora con el y abrazalo y reconoce que la fuerza para seguir adelante proviene de mí.
Nos aprontamos a la celebración del bicentario con un país hermoso, pero Dios ha permitido otra cosa.
Se ha detenido a esta nación en su avance económico y nos ha hecho reconocernos limitados y mirarnos a la cara y llorar y abrazarnos y darnos fuerzas para seguir adelante.
Porque en el Chile de ahora, el ciudadano ha salido a la calle a entregar sus aportes en dinero, en especies, ha llegado a las zonas devastadas a ayudar y dar aliento.
Estamos mas sensibilizados para llegar a mirarnos con amor fraternal a nuestro prójimo. Las iglesias destruídas han realizado sus cultos al aire libre y el mensaje de Dios ha sido proclamado.
Tenemos mucho que aprender como nación, pero no hay otro camino que seguir adelante, eso sí con la opción de Dios en nuestros LABIOS.
Queremos ser campeones mundiales de la solidaridad, y debemos ser campeones mundiales de la predicación de la palabra.
Chile hoy necesita de nuestra fe, de nuestra generosidad, de nuestra solidaridad. Chile necesita de sí mismo y de la ayuda de Dios. |